COVID-19: A global crisis. An unprecedented challenge. And a chance to build back better.
Learn how a green economy can restore prosperity and nature.

¿Es posible proteger los derechos de la Naturaleza en una economía verde?

Cesar Lopez Rivadeneira 6088
Curabitur arcu erat, accumsan id imperdiet et, porttitor at sem.


Los informes sobre los problemas ambientales o la pérdida de biodiversidad no son nuevos. Desde los años 60, ha crecido la información acerca de los impactos ambientales producto de las estrategias de desarrollo convencionales basadas en el crecimiento económico. La crisis ambiental actual refleja que las alertas han sido ignoradas.

La Economía Verde (EV en adelante), iniciada por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), es uno de los más recientes 'nuevos' enfoques sobre el desarrollo. El PNUMA definió a la EV como aquella que resulta en "mejorar la equidad del bienestar humano y social, reduciendo significativamente los riesgos ambientales y la escasez ecológica" (PNUMA 2010). Se plantea que la EV es una reacción a varios factores, especialmente al pensamiento económico actual, y se promueve a la misma como un nuevo paradigma económico hacia una nueva economía que será de bajo carbono, eficiente en el uso de los recursos, socialmente inclusiva y que al mismo tiempo protegerá a la biodiversidad.

Existe una fuerte polémica en torno al concepto de la EV y hay muchas preguntas sin respuesta. Como una contribución a estos debates, nos gustaría centrarnos en un aspecto específico de la EV: sus posibilidades y sus limitaciones en cuanto a la conservación de la biodiversidad. En particular nos gustaría examinar estas cuestiones a la luz del enfoque de la EV y presentar las propuestas de promover los derechos de la Naturaleza en América del Sur.

La economía verde, no es tan "verde"

En cuanto a la Naturaleza, la propuesta principal de la EV es que reducirá significativamente los riesgos e impactos ambientales mediante la promoción del uso eficiente y sostenible de los recursos naturales. Muchas de las herramientas específicas para lograr este objetivo se derivan de la economía ambiental, que considera a la Naturaleza fragmentada y dividida en "recursos naturales" o "bienes” o “servicios ambientales"; la Naturaleza es vista como otra forma de capital: el llamado "capital natural". Los servicios que ofrece la Naturaleza pueden tener un valor económico y en algunos casos, pueden estar relacionados con los derechos de propiedad humanos.

Existen varios problemas con esta comprensión de la Naturaleza. Uno de estos es la tendencia a confundir el valor económico (precio) con el valor "real" de la Naturaleza. Este es también un problema central de la conservación neo-liberal basada en el mercado, que asume que los valores no-monetarios de la biodiversidad son insuficientes para preservarla (Ervine 2011). Además, el enfoque de la EV considera que la valoración del capital natural en términos económicos es la forma de subrayar su importancia como sustento del mantenimiento de la prosperidad humana y económica (PNUMA 2011). Por lo tanto, la conservación de la Naturaleza se garantizará sólo si somos capaces de incorporarla en los procesos económicos rentables, donde la Naturaleza se convierte en otra forma de capital.

La EV propone una protección de la Naturaleza con un enfoque económico basado en el mercado. El instrumento económico más citado es el Pago por Servicios Ambientales (PSA), que se define como una transacción voluntaria de un servicio ambiental (SA), entre un comprador y un vendedor, donde el vendedor debe asegurar la provisión del SA (Wunder 2005). Los esquemas de PSA se presentan como nuevos paradigmas de conservación, debido al éxito obtenido. Sin embargo, no existe evidencia confirmada de los efectos de PSA para la conservación y, donde se han encontrado, los efectos han sido locales. Por otra parte, los contratos de PSA son siempre limitados en el tiempo, a pesar de que la conservación necesita tiempos de acción de muy largo plazo. En estos esquemas el éxito de la conservación dependerá de la voluntad de un comprador de volver a pagar por el SA, convirtiendo a la conservación en una decisión de costo-beneficio, mercado-dependiente.

Más allá de los precios: los valores intrínsecos de la Naturaleza

Un enfoque diferente es posible. El mismo se aparta de la perspectiva utilitaria y, en cambio, reconoce los múltiples valores de la Naturaleza, incluyendo los valores estéticos, ecológicos, culturales, religiosos, etc. Después de todo, el valor económico es sólo una dimensión entre muchas, y el precio es sólo un indicador entre muchos. En nuestra opinión, la Naturaleza no puede ser medida o valorada con un único criterio, sino que la valoración debe ser multidimensional. Este enfoque no es nuevo y ha sido explorado por los economistas ecológicos, así como los ambientalistas, entre otros.

Una vez que hemos aceptado la necesidad de una valoración alternativa, el siguiente paso es entender el valor intrínseco de la Naturaleza. El valor intrínseco no está centrado en las personas y existe aún en la ausencia de los seres humanos. Por ejemplo, los procesos vitales que se producen en los bosques tropicales continuarán independientemente de la vida humana. Este enfoque entiende que los animales y las plantas tienen su propio derecho a existir, y que no es necesario que los seres humanos los reconozcan como útiles o bellos para garantizar su protección. El reconocer el valor intrínseco de la Naturaleza abre el camino para el reconocimiento de los derechos formales y legales de la Naturaleza, que es una parte fundamental de la protección de nuestro patrimonio natural.

La omisión en el enfoque de la EV en cuanto al reconocimiento de la perspectiva ética es un problema importante. El problema no sólo radica en que falla en proteger los valores intrínsecos, que son un cometido importante de la conservación, sino también porque falla en comprender las implicancias legales, políticas y culturales de esta omisión.

Desde un punto de vista cultural, muchas de las creencias no-occidentales reconocen los valores intrínsecos de la Naturaleza; particularmente los pueblos indígenas, que también habitan en ecosistemas amenazados. La ausencia de la perspectiva cultural socava gravemente la credibilidad de la EV como un enfoque viable.

Desde una perspectiva política, el movimiento para reconocer los derechos de la Naturaleza ya está en marcha. Ecuador es el primer país que ha reconocido los derechos de la Naturaleza en su nueva constitución, junto con la visión clásica de los derechos centrada en los seres humanos para una buena calidad de vida y ce la conservación del medio ambiente (véase la discusión en Gudynas, 2009). Estos dos aspectos, el cultural y los cambios políticos, son necesarios y deben ser incluidos en cualquier iniciativa que promueva un cambio global.

Por último, hay una dimensión legal, que es también crítica. Si adoptamos la aproximación de los derechos de la Naturaleza, las comunidades locales en particular, o los ciudadanos en general, no necesitarían pruebas para demostrar los vínculos entre el daño ambiental y el desempeño económico, o la utilidad potencial de una especie o de los servicios ecosistémicos. Por el contrario, las especies y los ecosistemas se conservarían sobre la base de su valor intrínseco.

Proteger la Naturaleza en la economía verde

La EV tiene una perspectiva antropocéntrica, como también es el caso de la visión tradicional occidental de desarrollo y progreso. Esta perspectiva antropocéntrica, no sólo se centra en los seres humanos, sino que también implica que los seres humanos están separados de la Naturaleza. En definitiva, la Naturaleza es sólo una canasta de recursos que los seres humanos deben aprovechar para alimentar el crecimiento económico (Gudynas 2011, p. 262). En comparación, mediante la adopción de la perspectiva del valor intrínseco, se reconoce que la Naturaleza tiene su propio lugar dentro de las sociedades humanas, como los seres humanos tienen su lugar dentro de la organización de la Naturaleza. Los humanos y la Naturaleza no están separados.

Es importante notar, como ha señalado Stone (1972), que el reconocimiento de los derechos de la Naturaleza no significa que le serán otorgados todos los derechos que podamos imaginar o incluso que se le otorgará el mismo cuerpo de derechos del que gozan los seres humanos. Tampoco significa que todas las especies serán iguales o que tienen los mismos derechos, ni que los humanos serán iguales a una hormiga (Gudynas 2011, p. 270). Más bien, significa que cada especie tiene el derecho a existir y el derecho a la auto-realización (Devall y Sessions 1985).

En este escenario alternativo, donde se reconocen tanto los valores intrínsecos como la multi-dimensionalidad de la Naturaleza, tendríamos que, si bien no se dejarían de lado las necesidades humanas, las políticas de conservación estarían orientadas hacia la protección de la Naturaleza, garantizando una base de Naturaleza para las generaciones futuras pero también para otras formas de la vida, no sólo la humana. Estaríamos obligados a proteger por lo menos una cierta proporción de todos los ecosistemas y regiones ecológicas del mundo con el fin de garantizar que las comunidades biológicas que allí habitan pueden evolucionar. También sería necesario restaurar los ecosistemas y ecorregiones degradados, y organizar las tierras productivas y la forma en la que producimos nuestros alimentos.

En un escenario de EV el reconocimiento de los derechos de la Naturaleza parece raro, ya que es incompatible con su objetivo final: el crecimiento económico. En nuestro escenario alternativo, con los derechos de la Naturaleza reconocidos y una múltiple valoración de la Naturaleza (no sólo económica), consideraríamos a la Naturaleza como Patrimonio, no como una canasta de recursos. Cambiaríamos nuestro pensamiento hacia una perspectiva bio-céntrica, reconociendo que tenemos limitaciones impuestas por la biosfera, que son absolutas: el crecimiento jamás podrá ser perpetuo.

¿Cómo podemos poner esto en práctica?

El reconocimiento de los derechos de la Naturaleza a nivel mundial significaría que no hay necesidad de demostrar el valor económico de la Naturaleza o de los ecosistemas y sus procesos, ya que el valor de la Naturaleza está implícito en su propio concepto. Esto abriría el debate a otras visiones de la Naturaleza y a otras interpretaciones de desarrollo.

Somos conscientes de la magnitud de las presiones económicas que existen en la actualidad sobre los ecosistemas. Para asegurarnos de no profundizar más en el camino equivocado, ya sea a través de un enfoque de Economía Verde u otro, proponemos las siguientes medidas prácticas: se debería  insistir en exigir la estricta conservación y protección de por lo menos el 10% de todas las ecorregiones del mundo; a esto se le debería sumar un 25% de espacios naturales que permitan algún tipo de intervención humana y, por último, toda la producción de alimentos y de fibras, o cualquier tipo de producción, debe convertirse en 100% orgánica.

Por último, para la adecuada aplicación de esta perspectiva bio-céntrica debemos cambiar nuestra visión de la Naturaleza. Debemos re-educar a nuestros niños para enseñarles que la Naturaleza no es algo que podemos usar y de lo que podemos abusar. La Naturaleza debe tener defensores (o como los llama Stone (1972), sus “guardianes”) y su propio representante en las convenciones, foros y reuniones de discusión global, tales como la Cumbre de la Tierra Deberíamos añadir un nuevo actor en estas instancias: la Naturaleza.


Soledad Ghione & Eduardo Gudynas, Latin American Center for Social Ecology 


Referencias

Devall, B. y Sessions, G. 1985. Deep Ecology: Living as if Nature Mattered. Salt Lake City: Smith.
Ervine, K. 2011. Conservation and conflict: the intensification of property rights disputes under market-based conservation in Chiapas, México. Journal of Political Ecology, 18: 66-80.
Gudynas, E. 2009. La ecología política del giro biocéntrico en la nueva Constitución de Ecuador. Revista Estudios Sociales, 32: 34-47. Colombia.
Gudynas, E.  2011. Los derechos de la Naturaleza en serio. In: La Naturaleza con derechos. De la filosofía a la práctica. A. Acosta y E. Martínez, Eds., pp. 239-286. Quito, Ecuador.
Stone, C.D. 1972. Should Trees Have Standing? Toward Legal Rights for Natural Objects. Oxford University Press, pp. 264.
PNUMA, 2010. Towards a Green Economy: Pathways to Sustainable Development and Poverty Eradication. UNEP, pp. 631 (http://www.unep.org/greeneconomy/greeneconomyreport/tabid/29846/default....)
PNUMA, 2011. Valuing Nature. Briefing papers, UNEP, pp.4 (http://www.unep.ch/etb/publications/GE%20Briefs%202012/reprint%20GE_VALU...)
Wunder, S. 2005. Payments for environmental services: some nuts and bolts. Center for International Forest Research, Occasional Paper No. 42, pp. 32.

×

Sign up to our newsletter

All the latest news, analysis, and comment on the transition to green and fair economies - delivered every 2 months